jueves, 30 de diciembre de 2010

RELATO: LA NIÑA DEL COLUMPIO

La niña del columpio


Rodaban los años cincuenta, del siglo veinte. Cuando la niña era niña. Tiempos difíciles y duros. Sin radio y mucho menos televisión.
Como entretenimiento solo un viejo columpio de cuerda dura, que dañaba las tiernas manos con las hilachas del esparto.

Hija mayor de cinco hermanos. Ya con doce años, la niña paso de ser niña a ser mayor.
Encantada de la vida, limpiaría la casa y cuidaría a sus hermanos, mientras sus padres salían a trabajar al campo.
Sofía que así se llamaba la niña, seguiría en su afán por columpiarse. Solamente deseaba que llegase el domingo para andar en el dichoso columpio.
Sofía caminaba siempre de prisa y corriendo, pues tenia muchas cosas que hacer.
Era un domingo de invierno, cuando caminaba hacia el sitio donde pensaba divertirse, con el bamboleo del susodicho columpio, de dura y áspera soga. -Al acercarse…unos muchachos de su misma edad la empujan fuertemente invitándole a abandonar la zona.
Cabizbaja y tiritando de frió Sofía se da la vuelta para marcharse a casa, ella se dio por aludida, lo que si tiene claro es que no se doblegara en su propósito. Y concienciada de que estos no le dejaran en paz lo deja… pero volverá.

Camino a casa y en vista de que no es la primera vez que le suceden cosas así, llora y piensa a la vez que hacer en la siguiente, pues lo que tiene claro es que no dejara de lado la única diversión que tiene aun en su corta vida.

Ya entrando en la calle larga camino a casa, observa como un joven de su vecindad la esta mirando a través de una vieja ventana de madera, agujereada por el paso de los años. Pero. Sofía no esta para nadie y, con gesto brusco empuja insistente la puerta chirriante… ella no necesita llave ya que en aquel tiempo las familias solamente tenían una llave grande para todos, lo cual siempre estaría insertada en el acechadero de las puertas.

Un día ya de primavera la joven Sofía, dice a su madre que quiere ir a la vega, a trabajar, así puede comprarse un vestido y una “rebeca” de lana, de color gris, con una raya roja bordeando el cuello, y si encuentra la rebeca con una raya roja y otra azul, pues aun mejor, ya que contrastaría muy bien con el vestido de color azul con cuellos blancos.

Uno de esos días después de la cena, ya que durante las comidas tenían prohibido hablar y levantarse de la mesa, sobre todo antes que el padre.- La madre hace un comentario al padre, sobre las inquietudes de su hija Sofía.

¿Padre a esta niña se le ocurren cosas algo raras no te parece?

Bueno, ¡Es por que ya va siendo mayor! Susurrara el Padre.

Ella tendrá que hacer o comprar lo que nosotros le digamos, no lo que ella quiera! Recalca algo alterada la Mamá de la niña.
Mujer déjala… los tiempos cambian.

Una tarde noche de domingo, al volver de la novena a san Miguel. Ya con su ropa nueva, tal y como un tiempo atrás lo pensase, además estrenaría también un velo corto ya de color negro con orlas en color marfil. Lo llevaría bien colocado sobre el nuevo peinado que también quiso hacerse para lucir más su nuevo estilo. El peinado seria dos trenzas enlazadas, bordeando la parte más alta de la cabeza y por encima el flamante velo.
Al salir de la Iglesia las miradas la rodean por todas partes.-Quiere salir corriendo, pero… Alguien se cruza por delante y le dice. (Nadie es tan guapa como tu).

Sofía no sabe que le esta pasando… solo quiere lloras. Las amigas la critican y no le hacen caso. El joven al cual dice gustarle no le puede ni ver pues piensa que por mirarle… solo por eso esta cometiendo un pecado, y luego el cura cuando vaya a confesarse le pondrá una penitencia muy grande.

El tiempo pasa y Sofía se va haciendo más y más mayor. Ahora le tocara ir por la calle un poquito “encorvada,” y es que ya es verano y le da vergüenza que le abulten las tetillas por encima de la blusa.
“Joe”- ¡Quiero apretarlas para que no se noten, pues los muchachos no hacen más que mirármelas! Y las amigas me odian por tenerlas.

Ella realmente esta contenta pero no lo puede decir y, aunque le dicen que es pecado tocase en ciertos sitios, la curiosidad le tienta. Y… por la noche al meterse en la cama, en la misma habitación que sus hermanos ya que es la única que hay en la casa, a parte de la de los padres.
Ella se va pasando sus pequeñas y finas manitas por los duros bultitos, algo que le agrada mucho. Sin embargo… todo esto, la vuelven a desesperar.
¿Por qué todas estas cosas me pasan a mí, antes que a mis amigas?

Sofía cuenta todo esto a una vecina seis años mayor que ella. Esta le aconseja que no tenga miedo a nada ni a nadie. Que la gente es muy criticona, pero es por envidia. Esto le da mucho que pensar a Sofía. Que no se le terminan los problemas.

Una tarde que pudo conseguir el columpio sin esperar, para balancearse ya que estaba sola. Disfruto del buen tiempo y la tranquilidad, columpiándose a sus anchas. Mientras su larga melena se expandía por todos lados acariciando, sus mejillas en tanto sus cabellos sedosos juguetean airosos, entremezclándose con sus largas pestañas, que custodian el color agua marina de sus grandes ojos. Al bamboleo del Cambotin.

Cuando se da cuenta de que algo nuevo le esta pasando. Intenta averiguar el por que de su malestar, pasando sus deditos bajo el vestido azul, se nota mojada.- Esta salta rápidamente del columpio, y se marcha corriendo. Solo ve a una persona en el trayecto, que intenta ayudarle por si le sucede algo. Al acercarse, ella le suelta una gran bofetada. Y sigue corriendo hasta casa de su mejor amiga y vecina. Le pregunta si por eso que le pasa es que esta enferma, pues tiene molestia y mancha de rojo, por lo cual le da miedo.
La vecina será quien la ponga al día de el por que de todos estos cambios en el cuerpo de las personas.
¡Pues vaya peste de cosas que nos van pasando al hacernos mayores! - Es el único comentario que hace Sofía.

Pero… ahora que no se te acerque ningún muchacho” que las muchachas nos podemos quedar embarazadas.
Esto si que le da que pensar a Sofía! Que nada mas ver a su vecino, le pone una mala cara que no puede con ella.
¡Por cierto! Esa misma tarde cuando Sofía sale de casa a comprar algunas cosas que le ha mandado su madre, se encuentra con el muchacho.

Hola Sofía!! no- no corras, solo quiero decirte si quieres mis reveos, para leerlos, ya se que te gustan.
Bien dámelos pero sin tocarme ni las manos. Le dice la muchacha, ya bastante pausada, pues la explicación de su vecina le ayudo mucho a comprender las cosas de la vida.

Un año más tarde

Sofía Continúa creciendo y cada día que pasa siente más atractivo y curiosidad por las tendencias y la moda femenina, en todos los aspectos. Algo que tan solo sabe valorar su ya entonces buen amigo y vecino, Fernando.
Las amigas continúan con las críticas y malos humos hacia Sofía.

Fernando es ya un joven simpático y muy apuesto…mala cosa para la joven por eso de las envidias de sus amigas una vez más.

Este mismo verano Fernando y su familia, se marcha a trabajar de temporeros en la recogida del algodón.
Sofía le hecha mucho de menos, a penas sale de casa.

Aunque ya es mayor ella sigue acercándose hasta el columpio. Se sienta en el… viendo la puesta de sol, que la va deslumbrando. Pero ella sueña –sueña-sueña.
¡Fernando, me as engañado, pues ni siquiera te despediste! Ni me diste mi pañuelo el que te presté para sacarte la mota que te entro en el ojo, Yo creí que éramos amigos, ya solo me queda este columpio como recuerdo.

Sofía al cumplir los quince años, ya harta de soñar con lo imposible… se marcha. Alguien le promete que muy lejos podrá trabajar en fábricas y no a la intemperie. Y ganar dinero para vestir como a ella le gusta y, enviar a su familia que viven muy escasos.

Años más tarde

Ya pasado el tiempo se marcha la niña. Muy lejos del pueblo ya vive la niña. Que suspira y llora siempre que se acuerda. De la vieja soga colgada en la encina. Del joven vecino… también su vecina.

Años de silencio sin cuerda ni encina. Sin dulces recuerdos, ni amargas desdichas. Ni trenzas ni velo. No llevo rebeca ni vestido nuevo. No soy una niña ni pretendo serlos, ya nos vienen otros pisando el terreno.

Deja que me mire un poco al espejo, Por si las arrugas son solo el reflejo, de esta luz tan pobre… ¡me comprare otra, que no tenga arrugas ni cabellos blanco! Guardaré mis manos dentro del bolsillo, les pondré más cremas y nuevos anillos.

Ya pasan los años –años de silencio, ya llega la hora de volver al pueblo. ¡Lo encuentro mas chico! ¿OH es que no me acuerdo? La calle empedrada, los vecinos nuevos, hacen que me olvide, de todos aquellos.

¿Donde están los míos? que ha sido de ellos. Pregunto a la gente y escucho silencio. Donde están los hijos, donde están los nietos. Donde están los años que pase con ellos. Donde mi vecino- ¿OH fue solo un sueño?

Nadie me conoce… ríen en silencio. Parece que el tiempo no paso por ellos. Husmean, susurran cuentos y más cuentos. Que si la vecina. -Que quienes han vuelto.

Las tristes campanas ya tocan a muertos.
Del viejo columpio yo les estoy viendo.
Quien es aquel hombre, se acerca en silencio,
le tiemblan sus piernas, blancos sus cabellos.

- ¡Deja que te ayude no caigas al suelo!
¿Por que llegas tarde? sabes que te espero.
No tengas reparo, no me tengas miedo.
Ya en el otro mundo juntos estaremos.

El sol me deslumbra frente al cementerio.
No pongas tu mano sobre mi cabello.
Las tienes más blancas que los propios muertos.
Que nos dejen juntos por siempre aquí dentro.
Como mariposas eternas seremos.


Hortensia Alcalá García

1 comentario:

Juan José Diaz Garcia dijo...

.- Bonito relato Hortensia, hay algun contenido que concuerda con mis vivencias.
.-Sofia tomó una determinacion acertada.