jueves, 20 de enero de 2011

Historia y Loa de S. Sebastian

Según cuenta la tradición, San Sebastián fue un soldado romano que fue condenado por Diocleciano por no querer abjurar del cristianismo. Su martirio se producirá por medio de una lluvia de flechas que se clavarán en su cuerpo, aunque no conseguirán matarlo, recogiéndole Santa Irene por la noche, curándole las heridas. Más tarde será decapitado.
Aunque no muera en ella, será la lluvia de flechas el momento elegido para su representación por su potencialidad dramática. Sin embargo, y como empieza ya a aparecer en Mantenga y es habitual ya en todo el siglo XVI. La representación comienza a tener unas características muy poco comunes. Frente al dolor que debería representar, el santo suele aparecer tranquilo o, aún más, con una cierta cara de placer, que (ortodoxamente) debería ser interpretada como un éxtasis o gozo supremo ante la visión ya cercana de Dios.
Sin embargo, este éxtasis (como luego el de Santa Teresa) fue interpretado de otra manera y el santo (un hombre normalmente musculazo, semidesnudo en donde el placer y el dolor se unen) terminó por ser el patrón popular de los gays a partir de finales del XV y XVI.
La Iglesia (sobre todo en Trento) intentó combatir esta costumbre, introduciendo decretos que impidieran la realización de obras excesivamente sensuales para la iglesia, poniendo veedores (expertos que calificaban las obras antes de su exposición pública) en todas las diócesis importantes, aunque al fin la medida no tuvo demasiado éxito y San Sebastián siguió siendo una de las imágenes más repetidas a lo largo del arte clásico.


Y es que, fuera ya del mundo griego en donde la homosexualidad era una práctica común perfectamente asimilada entre las clases altas, en el Renacimiento hubo numerosos autores gays como Botticelli, Cellini, Donatello, Michelangelo, Rafael, Leonardo da Vinci, que gracias a sus vínculos con el poder pudieron más o menos seguir sus inclinaciones sin demasiados sobresaltos (aunque Leonardo, por la delación de un enemigo, llegó a ser encarcelado durante un año).
Era el llamado pecado nefando, y en casi todos los países era causa de muerte en la hoguera, aunque como siempre ha ocurrido las clases poderosas tenían una mayor libertad de costumbres y menor control social. En España la Inquisición actuó durante contra ellos, y el propio Conde de Villamediana (uno de los protagonistas del Señor del Biombo) fue asesinado acaso por sus inclinaciones sexuales (o tal vez por las contrarias, pues las relaciones entre él y la reina Isabel fueron algo más que amistosas)




Perseguido por Dioclesiano

A penas hubo nacido.
El glorioso Sebastián
La corona del martirio
Se comenzó a dibujar.

San Sebastián Valeroso.
Mocito de quince años
Que amarrado a un duro tronco
Allí fuiste zoteado.
Y después de zoteado
Te tiraron las saetas,
Las sufriste santo mío
Con humildad y paciencia.






Un fragmento de la. Loa a S. Sebastián

Tú no sabes tu Sebastián
Que eres un niño muy tierno.
Para ponerte a luchar
Cuando sabes bien de cierto.
Que no igualas en rigores
y en soldado mucho menos.

Deja esa loca pasión.
Aborrece tus intentos.
Que si olvidas esas leyes
De ese Jesucristo vuestro,
Hallaras por siempre en mí,
Un amigo verdadero.

Por contrario has de morir
Amarrado en un madero.