lunes, 2 de julio de 2012

Amor en el agua



Amor en el agua

Mañana de principios de  verano. Camino por la senda  que me acerca al río. Como cada jueves visito el viejo y ya abandonado convento de las madres  Siervas de Maria. Cuando amaino el paso ya que  en el frondoso  jardín desde lejos puedo apreciar que entre los rosales  vigilante y  serena,  se encuentra Sor Maria  de los remedios. Al acercarme levanta su mano izquierda,  ya que con la otra mano maneja la tijera de podar para cortar las rosas, hoy algo mojadas por las gotas del roció; ya que la primera hora de la mañana es fresquita. Llego a la altura de la angarilla de entrada y con una carcajada de alegría me invita a entrar.
¡Córtate unas rosas que aquí hay muchas y la hermana Inocencia; ya se llevo otro buen ramo!  -Ya sabes!  las blancas que ati te gustan…pues son las que mas le gustan a ella y llego antes que yo.  Me comenta la monja haciendo alarde de su buen humor.

Entramos a la capilla pues no le gusta nada que me “escaquee” para no entrar y rezar un poquito; normalmente lo hacemos a manera de canto.
 Ella se queda y yo con mi manojo de rosas entremezclados  los colores, me dispongo a dar el paseo algo mas largo aprovechando que no hace calor. Me dirijo al acantilado,  desde el cual el alcance de  la vista   al  mar es mayor.

A lo lejos puedo ver con claridad como se acerca un navío de grandes dimensiones, el cual a mi modo  de ver, parece tener algún problema; Y no es raro ya el mar esta algo  turbulento. Ya cercana al puerto me tienta la curiosidad y a la altura del puerto me bajo por una gran escalinata de piedra entre muro y barranco,  que llega hasta el rompeolas. Desde  allí todo se aprecia mejor.
 Pues efectivamente traen problemas y, por momentos comienzan a salir los pasajeros.
De a bordo. ¡No parecen asustados pero se les nota algo inquieto!

Me  pongo las gafas y el sombrero ya la mañana va avanzando y el sol también. Me siento en el muro  frente   al gran barco…sin dejar de la mano mi ramo de rosas tricolores. Me cambio de postura  para evitar el sol en los ojos; y observo que alguien desde la aleta del lado derecho, me esta mirando. Es un hombre por lo que puedo apreciar  Árabe va vestido con su “ Kandora” o túnica, en color blanco roto; también el turbante, del mismo tono pero reliado con algo trenzado en color morado. Su cara es como la Cera y la porcelana, al igual que sus manos finas y alargadas. No se por que pero me quedo embobada mirándole sin poder  retirarle  la mirada;  pero  es que yo jamás vi algo igual!! 
El  hombre Árabe  me miraba y se sonríe  mientras yo me imagino  con una cara de tonta…que pa que!!  Cuando quise darme cuenta, los pétalos de mis rosas frotaban sobre el agua. Mientras  el hombre me señala  con el dedo ¡que mire  abajo! me puse en pie agarrándome el sombrero y me quite las gafas de sol. Mire abajo.  Con gran sorpresa nos vimos reflejados entre  pétalos de rosas y  las burbujas del agua en movimiento, semejantes a las perlas más bellas. Como la mejor pintura al óleo Renoir: mientras  el vaivén, de las olas nos une y nos separa. Nos rompe, nos dibuja, nos rompe. Nos une, nos separan. Como danza, al vaivén del más movimiento. Me toma,  me deja…el me toma…el me acaricia en el agua. Me acerca, me aleja jugando en el agua. Que nos une nos separa. Belleza en el agua. Como delfín y sirena, jugando en el agua. Deseos de amores  nos incita  el agua. Delfín y sirena amándose en agua. Placer desbordante se siente en el alma. Navega el navío, el arte se escarcha.  Le veo alejarse ya la mar en calma.  Temblando en la orilla se quedo mi alma. Mi cuerpo desnudo la mirada rota llorando en silencio me quede en la playa.

Hortensia Alcalá García
Día 2/7/2012
1207011899855


2 comentarios:

vicente dijo...

Esta es una sorpresa, querida Hortensia: No sabía de tu blog y me he convertido en tu seguidor. Me daré un tiempo menos apretado para ponerme a leer tus escritos.
Además cuentas con mi afecto.

hortensia dijo...

Que sorpresa amigo Vicente. Sabes que eres bien venido. Y que es todo un gusto contar con tu amistad.
Muchas gracias. Nos vemos. Un abrazo, Hortensia