domingo, 13 de enero de 2013

Yo amaba a la diosa



YO AMABA A LA DIOSA

Hace un tiempo conocí a un amigo, al cual me costo mucho darle mi confianza. Pero tampoco se la retiré del todo, ya que supe ver que tras su mirada triste ocultaba algo muí profundo, algo que alguien le dejo sellado en su frente.
Cada día charlábamos durante un rato, que se fue alargando con el paso del tiempo. Todo lo que contaba era de máxima importancia. Y cuando lloraba seria el sufrimiento mas duro y bello que se pueda ver reflejado en el rostro de un hombre, de figura y belleza inigualable.
Humberto: de 52 años, nacido en La Toscana Italia. De familia acomodada. El sabia dibujar como nadie...dominaba con maestría, el oleo, acuarela, la tinta china y el carboncillo, estos últimos los mas usados por el gran artista, que con el paso del tiempo el dibujo llego a ser su lenguaje habitual desde que descubriera a la DIOSA.
Humberto me contó como fue su infancia; sin escaseces, ni demasiadas exigencias en los estudios.
Padre ausente en la mayor parte del tiempo, debido a su trabajo ¡¡negocios!! Madre solitaria, dominante y algo descuidada con su aseo personal.

Humberto, niño obediente, buen estudiante, hijo único del matrimonio. ¡¡Panucci!! Este me contó que en la escuela lo que se le resistía era el dibujo, que le aburría. No encontraba tema para dibujar, menos aun el color que dar a su dibujo. Algo que pronto descubrió, cuando a los 14 años, comenzó su “gozoso” calvario.

Humberto, me contó mientras se fumaba un cigarrillo, sosegado y en buena armonía, sin perjuicios, ni miedos pasados, ni arrepentimientos. El me dijo así: Yo amaba a la “DIOSA”
Yo le pregunte: ¿quien era la diosa? y comenzó a hablarme en el mejor idioma, que al fin entendió, la importancia del dibujo y su color, a dibujar con el alma.
Mira, me dijo; pasándome un dibujo a lápiz sencillo y nada de bien dibujado, en blanco y negro.
Casi sin darle importancia lo miro y le digo... no me extraña que no te gustase dibujar, pues se te daba fatal. El me miro muy serio, invitándome a recorrer su estudio, en los sótanos de una casona, mal cuidada y envejecida, aunque muy grande. ...Yo acepte.

Humberto, tomo una linterna ya que como decía antes, todo estaba algo desordenado y en mas bien malas condiciones, lo cual se olvidaba de reponer las bombillas fundidas en la escalera, de acceso al sótano.

La visita no me dio miedo ya que fue virtual, pero se apreciaba muí bien. Bajando la escalera de piedra dura tipo granito al natural, en los costados una soga de esparto muy áspero, para sujetarse como agarradero. Las telarañas bordaban sus telares, con absoluta libertad, por todo el trayecto de la gran escalinata. Muy curiosa por cierto, ya que aun bajando tanta escalera, al llegar abajo entraba mucha luz del día, pues tenia acceso a otra calle desde el sótano. Al parecer fue comercio familiar.

La luz se colaba por todos lados, aunque las grandes ventanas de cristal estaban sucias y los visillos algo desgarrados.
Yo comencé a ver enseguida las tareas impresionantes y de muchos años de casi cautiverio de mi amigo.
En primer lugar vi la foto que él me envió MADRE DIOSA DA EL PECHO ASU HIJO. Trata de una mujer joven y bella aunque descuidada, sentada en su banco de madera envejecida. Cabellos rizado, largo recogido en la nuca, cayéndole algunas greñas desde la frente hasta los hombros. “Lactando a un niño”. Niño, de catorce años, sentado en el regazo de su madre; sosteniéndolo, con las piernas abiertas. En tanto la rosa del rosal de MADRE DIOSA. Sacudía, sus pétalos. Mientras con gesto placentero disfrutaba del perfume que le embriagaba. Y de los lamidos y chupeteo del niño.

Segundo lienzo: MADRE DIOSA. Dibujo en tinta china, elaborado con exquisitos detalles. Sentada, sillón de mimbre vestido en crepé negro con detalles en puntillas finas en tonos pálidos. Zapatos altos. Collares y demás joyas, que aun en su descuido genuino sabia lucir con encanto. El peinado tal como el anterior. Muí del estilo Italiano.

Colocada en el susodicho sillón, con las piernas abiertas, el rosal nuevamente florecido, erguido hasta el ultimo pétalo. Devorando satisfacción. Mientras su hijo ya con 15 años; manejando con destreza y maestría. Se dibuja así mismo (Niño chico, miembro de hombre exagerado). Desde un pequeño taburete, pantalón caído. Trata de regar la fragante y acariciadora rosa del rosal del jardín de la musa, que lo absorbe. En su totalidad...hasta llegar el momento de no salir a la calle, esperando a reponerse para el nuevo asalto. De mientras dibujaba aquella pasión sin limites. Que se apodero del viciado momento. En este caso no por su belleza sino por su perfume y color o deseo. Embriagador.
El dibujo del adolescente, trata de niño pequeñito, se repite en los lienzo, que cada uno de ellos supera al anterior.
Continuando el recorrido, por la vieja “galería” pinturas y dibujos... llenos de telarañas se veían por todos lados especificando números e imágenes; diferentes posturas en momentos, diferentes. Pero con los mismos protagonistas. Que en afanados vaivenes continuados. Seguidos de palabras calladas, dibujadas en lienzo, table, o papel... Contaban la misma historia.
Del viejo comercio...taburete en madera envejecida. Sillón de mimbre polvoriento. Sitio que, mas tarde seria el estudio de un muchacho de 20 años. Que fue manejado o cazado a lazo por su propia madre. A los 20 años se marcho de casa hasta la muerte del padre que nunca regreso. Y la Madre que apareció sin vida sentada en el sillón mecedora de mimbre.
Humberto, Recobro la voz, se caso, con con una bella mujer que pensó tener como musa de inspiración.
Mas tarde nació su hija, falleció su mujer y madre de la niña. Que es una guapa mujer asada con un Español.
Así sucedió esta historia, inspirada en echos reales. pasado la mitad del s. XX.

Hortensia Alcalá Garcia

27/10/2012