martes, 28 de enero de 2014

La niña del columpio



 
La niña del columpio  
 
Rodaban los años cincuenta, del siglo veinte. Cuando  la niña era niña. Tiempos difíciles y duros. Poco  que llevar a la boca y trabajos muy sacrificados  que justo les proporcionaría para mal comer.
Casas  sin agua corriente  ni luz.  Sin  radio y mucho menos televisión.
Como entretenimiento solo  un viejo columpio de cuerda dura, que dañaba las  tiernas manos con las hilachas del esparto.
Hija mayor de una familia numerosa. Cinco hermanos. Ya con doce años, la niña  paso de ser niña a ser mayor.
Encantada de la vida, limpiaría la casa  y cuidaría a sus hermanos,  mientras sus padres salían a trabajar al campo, pues se dedicaban a  la elaboración del  carbón vegetal. También  hacer  picón, que luego venderían  para el brasero,  que se utilizaba  como medio de calos natural en el invierno.
Sofía que así se llamaba la niña, seguía en su afán por   columpiarse,
deseaba que llegase el domingo para   andar en el dichoso columpio.
Sofía  caminaba siempre de prisa y corriendo, pues tenía  muchas cosas que hacer.
 
Era un domingo de invierno, cuando caminaba hacia el sitio donde pensaba divertirse con el bamboleo del susodicho columpio, de  dura y áspera soga. Al  acercarse…unos muchachos de su misma edad  la empujan fuertemente Invitándole a abandonar  la zona.
Cabizbaja y tiritando de frió Sofía se da la vuelta para marcharse a casa, ella se dio por aludida y, concienciada de que estos no le dejaran en paz  se marcho.   Camino a casa, en vista de que no es la primera vez que le suceden cosas así,  llora y suspira, no puede controlar   el nerviosismo y desasosiego que le producen  tantas desdichas… según su punto de vista.
 Ella se siente muy desdichada.  Piensa que hacer, pero  lo que sí tiene claro es que no dejara  de lado su  única diversión, la que más  le gusta  aun en su corta vida.
Ya entrando en la calle larga  camino a casa, observa como un joven de su  vecindad la está mirando a través de una vieja ventana de madera, agujereada  por el paso de los años. Pero…Sofía no está para nadie y con un gesto brusco y persistente,  empuja la vieja  puerta  chirriante, ella no necesita  llave ya que en aquel tiempo las familias solamente tenían una llave grande para  todos.
 Lo cual siempre estaría insertada en el afechadero de la puerta.
Un día   de primavera la joven Sofía, dice a su madre que quiere ir a  la vega, a trabajar, así puede comprarse  un vestido y una “rebeca” de lana, de color gris, con una raya roja bordeando el cuello, y si encuentra la rebeca con una raya roja y otra azul, pues aun mejor, ya que contrastaría muy bien con el  vestido de color azul con cuellos blancos.
Uno de esos días  después de la cena, ya que durante las comidas tenían  prohibido hablar y levantarse de la mesa, ¡sobre todo antes quel  padre!  La madre  hace un comentario al padre, sobre las inquietudes de su hija Sofía.
¿Padre a esta niña se le ocurren  cosas  algo raras no te parece?
Bueno, ¡Es porque  ya va siendo mayor! - Susurrara el Padre, ella tendrá que hacer o comprar lo que nosotros le digamos  no lo que ella quiera.  Recalca algo alterada la Mamá de la niña.
Déjala…   los tiempos cambian, responde el padre alzando el tono de voz. Una tarde noche de domingo, al volver de la novena  a san Miguel.  Ya con su  ropa nueva  tal y como  un tiempo atrás lo pensase, además estrenaría también un velo corto  ya de color negro con orlas en color marfil,  bien colocado sobre el nuevo  peinado que también quiso hacerse para lucir  más su nuevo estilo.
 El peinado seria dos trenzas enlazadas, bordeando la parte más alta de la cabeza y  por encima el flamante velo.
Al salir de la Iglesia las miradas la rodean por todas partes.-Quiere salir corriendo, pero…  Alguien se cruza  por delante y le dice. ¡¡Nadie es tan guapa Como tú!! Sofía no sabe  que le está pasando…  se siente desdichada y solo quiere  lloras.
 Las amigas la critican y no le hacen caso. El  joven al cual dice gustarle no le puede ni ver pues piensa que por mirarle, solo por eso está cometiendo un pecado…  y luego el cura cuando vaya a confesarse le pondrá  una penitencia muy grande. 
El tiempo pasa y Sofía se va haciendo más y más mayor. Ahora le tocara ir por la calle un poquito  “encorvada,”  y es que ya es verano y le da vergüenza que le  abulten las tetillas   por encima de la blusa.  
Joe- ¡Quiero apretarlas para que no se noten, pues los muchachos no hacen más que mirármelas! Y las amigas  me odian por tenerlas.
Ella  realmente está contenta pero no lo puede decir  y… aunque le dicen que es pecado tocase en ciertos sitios, la curiosidad le tienta, ya por la noche al  acostarse, en la misma habitación que sus  hermanos,  al ser la única que hay en la casa, a parte de la de los padres.  Ella  se va pasando suavemente los deditos  por los  duros bultitos, algo  que le agrada mucho. Sin embargo…  lo  cual la  vuelven a desesperar.
¿Por qué todas estas cosas me pasan a mí, antes que a mis amigas?
Sofía cuenta todo esto a una vecina seis  años mayor que ella. Esta le
aconseja que no tenga miedo a nada ni a nadie. Que la gente es muy criticona, pero es por envidia. Esto le da mucho que pensar a Sofía. Que no se le terminan los problemas.
 
Una tarde  que  pudo conseguir el columpio sin esperar para balancearse ya que estaba sola. Disfruto del buen tiempo y la tranquilidad, columpiándose a sus anchas,  sus cabellos  se expandían por  todos lados acariciando  su cara y tapándole los ojos al bamboleo del Cambotin.  Cuando se da cuenta de que algo nuevo le está  pasando. Intenta averiguar el por qué se siente tan húmeda pues no llueve, ni se le ha caído agua por ningún lado…Incorpora el culillo hacia un lado se toca  mira su manita. Se baja del columpio… y se marcha corriendo.
Ve a una persona en el trayecto,  que intenta ayudarle por si le sucede algo y al acercarse,  ella  le suelta una  gran bofetada. Y sigue corriendo  hasta casa de  su amiga y vecina.  Le pregunta si por eso que le pasa es que  está  enferma, pues tiene molestia y mancha de rojo y… le da miedo.
La vecina será quien la ponga al día de el por qué de todos estos cambios en el cuerpo de las  chicas.
¡Pues vaya peste de cosas que nos van pasando al hacernos mayores! - Es el único comentario que hace Sofía.  
Pero ahora que no se te acerque ningún muchacho que  las muchachas nos  podemos quedar embarazadas.
Esto sí  que le da que pensar a Sofía… Que nada más ver a  su vecino, le pone una mala cara que no puede con ella. ¡Por cierto! Esa misma tarde  cuando Sofía sale de casa a comprar algunas cosas  que  le ha mandado su madre, se Encuentra  con el muchacho.
Hola Sofía…no- no corras, solo quiero decirte si quieres mis tebeos,  para leerlos, ya sé que te gustan.
Bien  dámelos pero sin  tocarme ni las manos!!  Le dice la muchacha, ya bastante pausada, pues la explicación de su vecina le ayudo mucho a comprender  los avatares  de la vida.
 
Un año más tarde: Sofía  Continúa creciendo y cada día que pasa   siente más atractivo y  curiosidad por  las  tendencias y la moda femenina en todos los aspectos. Algo que  tan solo sabe valorar su ya entonces buen amigo y vecino, Fernando. 
Las  amigas continúan con  las críticas y malos humos  hacia Sofía.
Fernando es ya  un  joven simpático,  y muy apuesto…mala cosa para la joven por eso de las envidias de sus amigas, una vez más. 
Este mismo verano  Fernando y su familia, se marcha  a trabajar de temporeros  en la recogida del algodón.
 Sofía le echa mucho de menos, apenas  sale de casa.  Aunque ya es mayor ella sigue acercándose donde está el columpio. Se sienta en el  viendo la puesta de sol, que la va deslumbrando. Poco a poco se va perdiendo en sus pensamientos y sueña, ella sueña…
Sueña, sueña. ¡Fernando,  me has engañado pues ni siquiera te despediste!  Ni me diste mi pañuelo, el que te presté para sacarte  la mota que te entro en el ojo, Yo creí que éramos amigos, ya solo me queda este columpio como recuerdo.
Sofía al cumplir los quince años,  harta de soñar con lo imposible… se marcha del pueblo.  Alguien le promete que muy lejos podrá trabajar en  fabricas y no al  intemperie, podrá  ganar dinero para vestir  como a ella le gusta y,  enviar a su  familia que viven muy escasos. 
***
 Ya pasado el tiempo se marcha la niña.  Muy lejos del pueblo se  encuentra  la niña. Que suspira y llora  siempre que se acuerda. De la vieja soga colgada en la encina: del joven vecino… también su  vecina.
Años de silencio sin cuerda  ni encina.  Sin dulces recuerdos,  ni amargas  desdichas. Ni trenzas ni velo. No llevo rebeca ni vestido nuevo. No soy una niña ni pretendo serlos, ya nos vienen otros pisando el terreno.
Deja que me mire un poco al espejo, Por si las arrugas son solo el reflejo, de  esta luz tan pobre… ¡me comprare otra, que no tenga arrugas ni cabellos blanco! Guardaré mis manos dentro del bolsillo, les pondré más cremas y nuevos anillos.
Ya pasan los años –años de silencio, ya llega la hora de volver al pueblo.  ¡ Lo encuentro más chico, ¿Oh es que no me acuerdo? La calle empedrada, los vecinos nuevos, hacen que me olvide,  de todos aquellos.
¿Donde están los míos? que ha sido de ellos. Pregunto  a la gente y escucho silencio. Donde están los hijos, donde están los nietos. Donde están los años que pase con ello. Donde mi vecino ¿OH  fue solo un sueño? Nadie me conoce…  ríen en silencio. Parece que el tiempo no paso por ellos.
Husmean, susurran cuentos y más cuentos. Que si la vecina. Que quienes han vuelto.  Las tristes campanas ya tocan a muertos. Del  viejo columpio  yo les estoy viendo. Quien es aquel hombre se acerca en  silencio, le tiemblan sus piernas, blancos sus cabellos. ¡Deja que te ayude no  caigas al suelo!¿Por qué llegas tarde? sabes que te espero.  No tengas reparo, no me tengas miedo.  Ya en el otro mundo junto  estaremos. El sol me deslumbra frente al cementerio. No pongas tu mano sobre mi cabello, las tienes más blancas que los  propios  muertos. Que nos dejen juntos  por siempre aquí  dentro…como mariposas eternas seremos.
 
 (Sofía y Fernando)
Hortensia