lunes, 20 de octubre de 2014

La niña del columpio


La niña del columpio 

 

Rodaban los años cincuenta, del siglo veinte. Cuando  la niña era niña.  

Tiempos difíciles y duros. Poco  que llevar a la boca y trabajos muy  

sacrificados  que justo les proporcionaría para mal comer.  

Casas  sin agua corriente, ni luz.  Sin  radio y mucho menos televisión.  

Como entretenimiento solo  un viejo columpio de cuerda dura, que dañaba las  

tiernas manos con las hilachas del esparto.  

Hija mayor de una familia numerosa. Cinco hermanos. -Ya con doce años, la  

niña  paso de ser niña a ser mayor. 

Encantada de la vida, limpiaría la casa  y cuidaría a sus hermanos,  mientras  

sus padres salían a trabajar al campo, pues se dedicaban a  la elaboración del   

Carbón vegetal. También  hacer  picón, que luego venderían  para el brasero,  

que se utilizaba  como medio de calos natural en el invierno. 

Sofía que así se llamaba la niña, seguía en su afán por   columpiarse,  

deseaba que llegase el domingo para   andar en el dichoso  

columpio. 

Sofía  caminaba siempre de prisa y corriendo, pues tenía muchas cosas que 

Hacer. 

Era un domingo de invierno, cuando caminaba hacia el sitio donde pensaba  

divertirse con el bamboleo del susodicho columpio, de  dura y áspera soga.  

Al acercarse…unos muchachos de su misma edad  la empujan fuertemente  

invitándole a abandonar  la zona.   

Cabizbaja y tiritando de frió Sofía se da la vuelta para marcharse a casa, ella se  

dio por aludida y, concienciada de que estos no le dejaran en paz  se marcho.

Camino a casa, en vista de que no es la primera vez que le suceden cosas así,   

llora y suspira, no puede controlar   el nerviosismo y desasosiego que le  

Producen  tantas desdichas… según su punto de vista!!  Ella se siente muy  

desdichada.  Piensa que hacer, pero  lo que sí tiene claro es que no dejara  de  

lado su  única diversión, la que más  le gusta  aun en su corta vida. 

Ya entrando en la calle larga  camino a casa, observa como un joven de su   

vecindad la está  mirando a través de una vieja ventana de madera, agujereada  

por el paso de los años. Pero…Sofía no está para nadie y con un gesto brusco  

y persistente,  empuja la vieja la puerta  chirriante, ella no necesita  

llave ya que en aquel tiempo las familias solamente tenían una llave grande 

para  todos, lo cual siempre estaría insertada en el afechadero de la puerta. 

Un día  ya,  de primavera la joven Sofía, dice a su madre que quiere ir a  la vega.  

A trabajar, así puede comprarse  un vestido y una “rebeca” de lana, de color  

gris, con una raya roja bordeando el cuello, y si encuentra la rebeca con una  

raya roja y otra azul, pues aun mejor, ya que contrastaría muy bien con el  

 vestido de color azul con cuellos blancos. 

Uno de esos días  después de la cena, ya que durante las comidas tenían  

prohibido hablar y levantarse de la mesa, ¡¡Sobre todo antes que el padre!!  

             La madre  hace un comentario al padre, sobre las inquietudes de su hija Sofía. 
 
¿Padre a esta niña se le ocurren  cosas  algo raras no te parece?
 

Bueno, ¡Es porque ya va siendo mayor! - Susurrara el Padre.  

Ella tendrá que hacer o comprar lo que nosotros le digamos,  no lo que ella  

quiera! Recalca algo alterada la Mamá de la niña.
 
Déjala…   los tiempos cambian, responde el padre alzando el tono de voz.

 

Una tarde noche de domingo, al volver de la novena  a san Miguel.  Ya con su   

ropa nueva  tal y como  un tiempo atrás lo pensase, además estrenaría también 

un velo corto  ya de color negro con orlas en color marfil,  bien colocado sobre 
 
el nuevo  peinado que también quiso hacerse para lucir  más su nuevo estilo. El 
 
einado seria dos trenzas enlazadas, bordeando la parte más alta de la cabeza
 

y  por encima el flamante velo.

Al salir de la Iglesia las miradas la rodean por todas partes.-Quiere salir  

Corriendo, pero…  Alguien se cruza  por delante y le dice. ¡Nadie es tan guapa  

Como tú! 

Sofía no sabe  que le está  pasando…  se siente desdichada y solo quiere  

lloras. 

 Las amigas la critican y no le hacen caso. El  joven al cual dice gustarle no le  

puede ni ver pues piensa que por mirarle, solo por eso está  cometiendo un  

pecado…  y luego el cura cuando vaya a confesarse le pondrá  una penitencia  

muy grande. 

El tiempo pasa y Sofía se va haciendo más y más mayor. Ahora le tocara ir por  

la calle un poquito  “encorvada,”  y es que ya es verano y le da vergüenza que  

le  abulten las tetillas   por encima de la blusa.   

Joe- ¡Quiero apretarlas para que no se noten, pues los muchachos no hacen  

más que mirármelas! Y las amigas  me odian por tenerlas.  

Ella  realmente está contenta pero no lo puede decir  y… aunque le dicen que  

es pecado tocase en ciertos sitios, la curiosidad le tienta… y,  por la noche al  

acostarse, en la misma habitación que sus hermanos,  al ser la única que 
Hay en la casa, a parte de la de los padres. 

 Ella  se va pasando suavemente los deditos  por los    “bultitos, algo  

que le agrada mucho. Sin embargo…  los cuales la vuelven a desesperar. 

¿Por qué todas estas cosas me pasan a mí, antes que a mis amigas?  

Sofía cuenta todo esto a una vecina seis  años mayor que ella. Esta le  

aconseja que no tenga miedo a nada ni a nadie. Que la gente es muy criticona,  

pero es por envidia. Esto le da mucho que pensar a Sofía. Que no se le
 

terminan los problemas.
 
Una tarde  que  pudo conseguir el columpio sin esperar para balancearse ya  

que estaba sola. Disfruto del buen tiempo y la tranquilidad, columpiándose a
 
sus anchas,  sus cabellos  se expandían por  todos lados acariciando  su cara y  

tapándole los ojos al bamboleo del Cambotin.  -Pero  se da cuenta de que  

algo nuevo le está  pasando. Intenta averiguar el por qué se siente tan húmeda  

pues no llueve, ni se le ha  caído agua por ningún lado…Incorpora el culillo  

hacia un lado se toca  mira su manita. Se baja del colombio… y se marcha corriendo. 

 En el  trayecto se encuentra  con alguien  que intenta  ayudarle por si le  

sucede algo; al  acercarse,  ella  le suelta una  gran bofetada.  

Y  continúa  corriendo  hasta casa de su amiga y vecina.

 Le pregunta si por eso que le pasa es que  está enferma,  

pues tiene molestia y mancha de rojo y… le da miedo.  

La vecina será quien la ponga al día de el por qué de todos estos cambios en el  

cuerpo de las  chicas. 

¡Pues vaya peste de cosas que nos van pasando al hacernos mayores! - Es el  

único comentario que hace Sofía.  

Pero ahora que no se te acerque ningún muchacho que  las muchachas nos   

podemos quedar embarazadas.  

Esto sí  que le da que pensar a Sofía… Que nada más ver a  su vecino, le pone  

una mala cara que no puede con ella. 

 ¡Por cierto! Esa misma tarde  cuando  

Sofía sale de casa a comprar algunas cosas  que  le ha mandado su madre, se  

Encuentra  con el amigo. 

Hola Sofía!! No-  no corras, solo quiero decirte si quieres mis tebeos,  para  

leerlos, ya sé que te gustan.  

Bien  dámelos pero sin  tocarme ni las manos. Le dice la muchacha, ya  

bastante pausada, pues la explicación de su vecina le ayudo mucho a

comprender las cosas de la vida.
 

Un año más tarde: 

Sofía  Continúa creciendo y cada día que pasa   siente más atractivo y  

curiosidad por  las  tendencias y la moda femenina en todos los aspectos. Algo  

que  tan solo sabe valorar su ya entonces buen amigo y vecino, Fernando.   

Las  amigas continúan con  las críticas y malos humos  hacia Sofía. 

Fernando es ya  un   joven simpático  y muy apuesto…mala cosa para la joven  

por eso de las envidias de sus amigas, una vez más.   

Este mismo verano  Fernando y su familia, se marcha  a trabajar de temporeros  

en la recogida del algodón. 

 Sofía le echa mucho de menos, apenas  sale de casa.  

Aunque ya es mayor ella sigue acercándose a donde está  el columpio.  

            -Se sienta en el,  mirando la puesta de sol, que la va deslumbrando.  

Poco a poco se va perdiendo en sus pensamientos y,  sueña, ella sueña,  

Sueña, porque le dice…  ¡Fernando,  me has engañado pues ni siquiera te

Despediste;   Ni me diste mi pañuelo, el que te presté para sacarte  la mota que  

te entro en el ojo, yo creí que éramos amigos, ya solo me queda este columpio como recuerdo. 

Sofía al cumplir los quince años, ya harta de soñar con lo imposible… se  

Marcha del pueblo,  alguien le promete que muy lejos podrá trabajar en fábricas  

y, no al intemperie. Y ganar dinero para vestir  como a ella le gusta y,  enviar a  

su familia que viven muy escasos. 

 Ya pasado el tiempo se marcha la niña.  Muy lejos del pueblo ya vive la niña.  

Que suspira y llora  siempre que se acuerda. De la vieja soga colgada en la  

encina: del joven vecino… también su  vecina.  

Años de silencio sin cuerda  ni encina.  Sin dulces recuerdos,  ni amargas  

Desdichas. Ni trenzas ni velo. No llevo rebeca ni vestido nuevo. No soy una  

niña ni pretendo serlos, ya nos vienen otros pisando el terreno.  

Deja que me mire un poco al espejo, Por si las arrugas son solo el reflejo, de  

esta luz tan pobre… ¡me comprare otra, que no tenga arrugas ni cabellos  

blanco! …Guardaré mis manos dentro del bolsillo, les pondré más cremas y

nuevos anillos. 

Ya pasan los años –años de silencio, ya llega la hora de volver al pueblo. 

  ¡Lo encuentro más chico, ¡¡Oh es que no me acuerdo!!  La calle empedrada,  

los vecinos nuevos, hacen que me olvide,  de todos aquellos.  

¿Donde están los míos? que ha sido de ellos. Pregunto  a la gente y escucho  

silencio. Donde están los hijos, donde están los nietos. Donde están los años  

que pase con ello. Donde mi vecino ¿OH  fue solo un sueño? 

Nadie me conoce…  ríen en silencio. Parece que el tiempo no paso por ellos.  

Husmean, susurran cuentos y más cuentos. Que si la vecina… Que quienes han  

Vuelto. 

 Las tristes campanas ya tocan a muertos. 

Del  viejo columpio  yo les estoy viendo. Quien es aquel hombre se acerca en  

silencio, le tiemblan sus piernas, blancos sus cabellos. ¡Deja que te ayude no  

caigas al suelo! 

¿Por qué llegas tarde? sabes que te espero.  No tengas reparo, no me tengas  

miedo.  Ya en el otro mundo junto  estaremos. 

El sol me deslumbra frente al cementerio. No pongas tu mano sobre mi cabello,  

las tienes más blancas que los  propios  muertos. Que nos dejen juntos  por 

siempre aquí dentro…como mariposas eternas seremos. 

Octubre 2010

 

Hortensia Alcalá Garcia

 

                                              

 

 

 

2 comentarios:

Jose Luis dijo...

Qué final tan maravilloso, engarzado en rimas enmascaradas, qué bello relato donde cosas tan cotidianas en mi niñez, como el carbón vegetal, la calle larga, -la mía era Pureza- se me han llevado al interior de ese cuadro tan bien pintado. Qué más da pincel que pluma, cuando lo hace un artista...

hortensia dijo...

Dios mío!! José Luis, como agradezco tus comentarios; los poetas seremos así de sensibles? O son los recuerdos que nos hacen sentir?
Gracias amigo.
Un abrazo