jueves, 24 de noviembre de 2016

El color de sus ojos


 

 

 

 

El color de sus ojos

  (Dora y Esieo)

III

 

            Por fin en  esta tarde primaveral,  se dejo ver el sol que últimamente se aletarga, perezoso  a entregarnos su luz y el calor que tanto necesitamos. Las plantas para crecer  y las personas para alegrarnos un poco la vida, ¡alegría que tanto escasea!.

Esta tarde ella no fue  al parque, le apetecía   darse  una buena caminata  por el campo, adornado por  las últimas lluvias que dejaron  los prados llenos del verde habitual de  la época. Los arboles  con sus frutos  creciendo tras la  germinación floral.  

 

            El viento entremezclado con el sol acaricia su  piel. Mientras su vista  se precipita mirando a todos lados.  En el prado donde no entra el ganado las hierbas están altas y espigadas. Entremezcladas con  amapolas silvestres y restos de tulipanes exóticos que en la temporada anterior  tiraron los jardineros al limpiar jardines públicos.

 

            A nuestra edad nos fijamos mucho en los detalles, pocas cosas se nos pasan por alto:

Ver los  grupos  de las primeras mariposas; casi tan empalagosas como bellas, revoloteando entre los paseantes.

Los pequeños jilgueros, que coronan los arboles  mas frondosos vigilando   sus nidos  mientras acarrean el sustento para la hembra; que no descuida los huevecillos a los que ya  queda pocos días para salir al exterior del  cascaron y ver la luz sus crías…

 

            En el trayecto de cinco kilómetros de pista para pasear, de cuando en cuando  pasa un ciclista en  silencio. Ves como  se aleja  mientras unos  corredores entrenan para  alguna carrera . A lo lejos se escucha  la circulación en la carretera más próxima. Al igual que las aguas del rio al caer en cascada dejando entre neblinas  el entorno y  refrescando  el ambiente.
 

            En el  prado de hierba más cortas pacen  rebaños de ovejas autóctonas. Algunas  amamantan a sus corderos  recién nacidos. Mientras desde el puente alguien señala con su mano al cordero  más chico,  para que sea más tierno; según el dueño del ganado.
 

 El Comprador visitante: -Yo quiero aquel de la estrellita en la frente. ¡Si el que se pone ahora de pie para mamar!-

             El dueño del ganado toma nota en su móvil y le dice- ¿quiere algún otro más?-

-  Sí- responde el  comprador- Quiero también el  que tiene un parche negro  junto a la oreja-.

            Mañana esas crías colgaran de una barra de inox con las patas para arriba y la cabeza  para abajo. Tendrán  que orearse bien. En tres días  los comensales del  restaurante más próximo comentaran sobre la calidad  de las mejores carnes. Y por supuesto  acompañando con un buen “Rioja” de reserva para ellos y un finísimo blanco de cualquier marca será bueno para ellas.
 

            Hoy con tanta distracción Dora se ha olvido de mirar, por si Eliseo  hubiera podido pensar como ella y podrían encontrarse. Es que además tendría que ser así, pues el día  anterior ella olvido en el parque, el libro que aunque no le gusta…pero para eso lo compro; tiene que terminar de leerlo.  Ella supone que lo guardaría Eliseo para entregárselo al volver a verla. 
 

            Dora vuelve  de recorrer los casi  cinco kilómetros y al pasar el túnel del (bidegorri… camino rojo, sin coches). Lo pasará  corriendo porque es miedosa: le da miedo el silencio y el miedo. Le da miedo llegar a casa porque tiene miedo a la soledad,  a cenar sola. Teme Esperar el sueño...o soñar despierta, que ese es el peor de los miedos y de los sueños.

 

            Dora piensa en su libro...realmente piensa  que en su libro  se reflejan los ojos azules de Eliseo. Aun siente en su mano el calor de la piel al limpiarle la cagada del incordioso pajarito.  Eliseo tenía las manos frías y algo temblorosas, como su voz; que le temblaba al agradecerle a Dora que le limpiase la  cabeza.

 

            Quizás Eliseo piense también en Dora. Tomara el libro en sus manos, sin atreverse a leerlo. Porque  tiene... eso...tiene miedo. Miedo a que ella se dé cuenta, de que piensa en ella...que sueña en ella. Que Dora no sabe que él tampoco duerme por la noche hasta deshoras....que   el ya en su mente duerme con ella.

 Dora no puede terminar de leerlo. Eliseo no puede por respeto o  miedo. ¿Que pensara ella?

Y Dora piensa en qué dirá Elíseo al ver  el libro y lo que lee, “el color de sus ojos”.

Ella: Dora.

Él: Eliseo.
 

Hortensia Alcalá García