miércoles, 30 de noviembre de 2016

Promesa fatal


Promesa fatal

  (IV)

 

            Pasadas unas semanas solo el silencio se hizo visible en la vida de Dora, no podía entender que Eliseo no apareciera por ningún lado  paseando a su nieto en el cochecito.

Dora habla entre sí,  se dice no entender que quizás el hombre de los ojos azules y pequeñitos,  se molestara por el despiste de  extraviar  el libro...pero es cierto que fue un olvido  “sin fundamento,” Tendría que fijarse un poco más en lo que tiene entre manos.

 

            Al día siguiente,   Dora se  pinto las uñas y  cambio de peinado, uno algo mas juvenil. Se vistió con colores más vivos y vanguardistas acordes a la época estival.

Se puso un poquito más del perfume que utiliza, porque sabe bien que a Eliseo también le gusto. Ella  lo notó cuando en el parque se acerco a él.  Así que se decidió a salir  a la calle de nuevo a despejarse  porque estaba aturdida e inquieta.

 

            Un chaparrón inesperado  le hace refugiarse en una cafetería, donde pide un café y el periódico.-  No para de llover!!  Dora es curiosa por eso se sentó en la mesa más cercana a una ventana,  para  ver cuando cesaba la lluvia.  Por unos instantes se ausento del mundo… apoyando el codo en la mesa y la  mano en la frente,  suspiro. Después tomo el último sorbo de café y retiro de su lado el periódico. Cruzo las piernas  golpeando la mesa  de al lado y al separarla de la  silla, vio sobre la mesa un libro como el que ella perdió en el parque.  Se puso nerviosa y sin pensarlo lo abrió y fue a la última  página... Dora  Antúnez Muñoz.  ¡Menuda sorpresa! Se dirige a la barra y pregunta  al camarero de la cafetería  como llego el libro hasta  allí a lo que él contestó que no tenía ni idea.

 

            Dora continuo pasando hojas del libro hasta que encontró una nota escrita  en el reverso de una tarjeta de direcciones  de una   asesoría jurídica. La nota decía: “fue una promesa, Dora lo siento”.   Esa noche seria para Dora una noche complicada, pues Eliseo  tenía 73 años, entonces no podía ser de su trabajo la tarjeta.

 

            Era domingo sobre el mediodía, se celebran comuniones. Dorita la nieta de Dora  junto a su familia salen de la iglesia tras recibir por primera vez el  sacramento de la eucaristía. Entre el tumulto Dora busca el modo  de  apartarse unos minutos de la familia.

Tercia sobre su brazo izquierdo   la chaqueta de Dorita, que ella  días antes tricotó para ese día. Era beige con una cinta  azul  en  la cintura. Dora, siente la necesidad de  ir al parque del palacio del Duque de Sotomayor, que fue tan amable hace un tiempo de abrirlo al público para el disfrute de los vecinos  y visitantes  a la villa.  -,Al cruzar  la verja de entrada  al  entorno del  palacio ella sintió  como una sacudida de angustia, pero continuo la marcha adelante hasta el asiento de madera donde esta  normalmente se sentaba cuando  el banco estaba libre, a la sombra de un  gran Roble. Junto a los rosales de rosas roja y blancas.

En esta ocasión  alguien ocupaba el  asiento, pero ella se sentó  también ya que parecía estar algo mareada.  Dora paso los  dedos por su cabeza colocándose el pelo, después se froto las manos y puso  encima de las piernas la chaqueta de Dorita.

 

             El hombre de mediana edad la miro, se incorporo y le pregunto si se encontraba bien. -Si muy bien gracias- contestó Dora.   El hombre joven insistía en ayudarla, le presento sus respetos y le dijo llamarse Bruno. Ella le dijo su nombre. En este caso fue Bruno el que tuvo que sentarse rápidamente. Bruno  le dijo que desde hacía unos días, se acercaba a ese sitio para buscarla, que debía darle un recado. -Que el recado se le perdió...y no sabe donde   lo dejo. Que si su padre levantara la cabeza le pondría fino, por ser así de despistado,  pues no le gustaban los descuidos a su padre... pero Bruno continuaba despistado y no se fijo que Dora  lloraba al escucharle, que ya supo el por qué de la ausencia de Eliseo.  Bruno continuaba relatando… y  Dora llorando. Bruno le contó que su padre le dejo el recado y le indicó donde podía encontrar a la mujer que le limpio la cabeza con una toallita de bebes.

Que Dora tenía  la  sonrisa   más maravillosa que vio jamás.

Que le hacía temblar si le  miraba.

Que él no podía mirarla, porque le gustaba a rabiar.

 Que él le prometió a su esposa desaparecida de  larga enfermedad, que  jamás se fijaría en otra mujer. Y no fue su culpa ni él  la busco, pero apareció la mujer.

 Eliseo,  luchó contra  su propia voluntad.

 Delicado de salud. Forzosamente   cumplió  lo prometido  a su mujer, para la  eternidad.

Ella: Dora.

El: Bruno.

Hortensia Alcalá   García  
Autora:

jueves, 24 de noviembre de 2016

El color de sus ojos


 

 

 

 

El color de sus ojos

  (Dora y Esieo)

III

 

            Por fin en  esta tarde primaveral,  se dejo ver el sol que últimamente se aletarga, perezoso  a entregarnos su luz y el calor que tanto necesitamos. Las plantas para crecer  y las personas para alegrarnos un poco la vida, ¡alegría que tanto escasea!.

Esta tarde ella no fue  al parque, le apetecía   darse  una buena caminata  por el campo, adornado por  las últimas lluvias que dejaron  los prados llenos del verde habitual de  la época. Los arboles  con sus frutos  creciendo tras la  germinación floral.  

 

            El viento entremezclado con el sol acaricia su  piel. Mientras su vista  se precipita mirando a todos lados.  En el prado donde no entra el ganado las hierbas están altas y espigadas. Entremezcladas con  amapolas silvestres y restos de tulipanes exóticos que en la temporada anterior  tiraron los jardineros al limpiar jardines públicos.

 

            A nuestra edad nos fijamos mucho en los detalles, pocas cosas se nos pasan por alto:

Ver los  grupos  de las primeras mariposas; casi tan empalagosas como bellas, revoloteando entre los paseantes.

Los pequeños jilgueros, que coronan los arboles  mas frondosos vigilando   sus nidos  mientras acarrean el sustento para la hembra; que no descuida los huevecillos a los que ya  queda pocos días para salir al exterior del  cascaron y ver la luz sus crías…

 

            En el trayecto de cinco kilómetros de pista para pasear, de cuando en cuando  pasa un ciclista en  silencio. Ves como  se aleja  mientras unos  corredores entrenan para  alguna carrera . A lo lejos se escucha  la circulación en la carretera más próxima. Al igual que las aguas del rio al caer en cascada dejando entre neblinas  el entorno y  refrescando  el ambiente.
 

            En el  prado de hierba más cortas pacen  rebaños de ovejas autóctonas. Algunas  amamantan a sus corderos  recién nacidos. Mientras desde el puente alguien señala con su mano al cordero  más chico,  para que sea más tierno; según el dueño del ganado.
 

 El Comprador visitante: -Yo quiero aquel de la estrellita en la frente. ¡Si el que se pone ahora de pie para mamar!-

             El dueño del ganado toma nota en su móvil y le dice- ¿quiere algún otro más?-

-  Sí- responde el  comprador- Quiero también el  que tiene un parche negro  junto a la oreja-.

            Mañana esas crías colgaran de una barra de inox con las patas para arriba y la cabeza  para abajo. Tendrán  que orearse bien. En tres días  los comensales del  restaurante más próximo comentaran sobre la calidad  de las mejores carnes. Y por supuesto  acompañando con un buen “Rioja” de reserva para ellos y un finísimo blanco de cualquier marca será bueno para ellas.
 

            Hoy con tanta distracción Dora se ha olvido de mirar, por si Eliseo  hubiera podido pensar como ella y podrían encontrarse. Es que además tendría que ser así, pues el día  anterior ella olvido en el parque, el libro que aunque no le gusta…pero para eso lo compro; tiene que terminar de leerlo.  Ella supone que lo guardaría Eliseo para entregárselo al volver a verla. 
 

            Dora vuelve  de recorrer los casi  cinco kilómetros y al pasar el túnel del (bidegorri… camino rojo, sin coches). Lo pasará  corriendo porque es miedosa: le da miedo el silencio y el miedo. Le da miedo llegar a casa porque tiene miedo a la soledad,  a cenar sola. Teme Esperar el sueño...o soñar despierta, que ese es el peor de los miedos y de los sueños.

 

            Dora piensa en su libro...realmente piensa  que en su libro  se reflejan los ojos azules de Eliseo. Aun siente en su mano el calor de la piel al limpiarle la cagada del incordioso pajarito.  Eliseo tenía las manos frías y algo temblorosas, como su voz; que le temblaba al agradecerle a Dora que le limpiase la  cabeza.

 

            Quizás Eliseo piense también en Dora. Tomara el libro en sus manos, sin atreverse a leerlo. Porque  tiene... eso...tiene miedo. Miedo a que ella se dé cuenta, de que piensa en ella...que sueña en ella. Que Dora no sabe que él tampoco duerme por la noche hasta deshoras....que   el ya en su mente duerme con ella.

 Dora no puede terminar de leerlo. Eliseo no puede por respeto o  miedo. ¿Que pensara ella?

Y Dora piensa en qué dirá Elíseo al ver  el libro y lo que lee, “el color de sus ojos”.

Ella: Dora.

Él: Eliseo.
 

Hortensia Alcalá García

domingo, 20 de noviembre de 2016

Escucha a tu corazón


Escucha a tu corazón

(Narración poética)    

Hay  vidas que  se pierden, o   en la inmensidad se alejan.  

Luego ay vidas que se olvidan mientras otras se recuerdan.

 También  vidas que se mueren, que se mueren y nos dejan.

Hay   vidas compartidas  divinas  o  adivinadas.

 Las vidas que enamoran y las hay… ¡enamoradas!

También días que amanece  tras una noche cerrada.

Hay cuerpos que se estremecen  cuando llega la alborada.

Nuevos amores que  surgen o surgieron de la nada…

  -y que conocen tu vida  aunque nunca  lo observaras;

-mirando  las hojas muertas a través de la ventana.  

 En la quietud del tiempo no  se mueren  las palabras,

- si las dices con  amor, ni si así  son  recordadas.

Mas si se van las promesas, las que no salen del alma;

Las que  el   viento de  la tarde  se las lleva  muí lejanas.

Y si el corazón te dice que te despiertes al alba!!

 -Hazle caso al corazón, quizás sea la razón  de la  felicidad tardana.

…Y como amar no es pecado… se que sin  pecar  se ama.

 

Autora: Hortensia Alcalá García

jueves, 17 de noviembre de 2016

Llanto de Madre


 
¿Madre  por que estas llorando?     II episodio

 

Llanto de madre

            Sabemos  las mujeres que una vez de ciertas edades nos gusta estar tranquilas. Ya no estamos pensando en tonterías de amorío ni nada de eso. Decimos  que eso es para la juventud. Porque al final los hombres son todos iguales y nos quieren para saciar sus deseos masculinos,  y  tenernos de  cocineras y planchadoras...etc. “Coño”, yo!! personalmente amigas, creo que esto no es así; sino que se negocia con ellos. -A  los de nuestras edades les costara aprender, pero si les interesas aprenderán ¡eso seguro!

 

            Y es que  será bonito vivir aquello del parque y los besos robados al lado del jazmín. ¡Como veinteañeros! Esperando que se abra la flor; y poder sentir por todo el cuerpo el revoloteo suave y   silencioso de las mariposas,  en tu cuerpo de  mayor con alma  de niña.  Esa alma grandiosa de mujer generosa; cuerpo y alma de madre indulgente y dulce. Que dio la luz a otros ojos y vida a más vidas; olvidando incluso la suya propia para que a estas no les falte lo más esencial para: crecer, formarse y después volar.

            -Volar del nido materno para comenzar con el suyo propio.  -Es entonces    cuando la mujer se siente más sola  que en lo que lleva de vida. Porque  se le termino el amor, marcharon sus frutos y la vida parece pararse en el tiempo; quedando como obsoleta.

 

            Después  pasas unos años de reflexión, tratando de encontrarte; ¡porque no estás, no vives!! La mujer y  madre queda  olvidada, esperando siempre a que alguien le llame y le recuerde  quizás el único gran título que posee. - ¿Madre como estas?.... ¿Por qué estas llorando?- preguntan. -No estoy llorando hijo... ¡solo que  mi  voz... a veces  falla!

 

            Un buen día ya cansada de tanta tranquilidad, nos decidimos a  salir algo más a la calle con o sin amigas. Aunque  sea a ejercer de abuela....pero de abuela  moderna. Y como siempre tendremos cercano a donde vivimos un precioso parque, nos acercamos apartándonos del bullicio de niños en bicicletas o patinetes. O con un balón de reglamento “que pobre del que le toque el balonazo” etc.…

 

            Otro buen día  te encuentras sentada en el banco que esta junto al rosal de rosas rojas, -de un rojo pasión que impresiona. Al lado siempre abra otro rosal de rosas blancas....junto a un azahar. ¡Menuda combinación, de aromas perfumando el entorno!

 

            Un lunes por la tarde, alguien se acerca también con su carrito de estos modernos, bien proporcionados y cómodos para que los bebes se sientan  agusto. Para eso se lo regalan los  abuelos...para después pasearlos con mucho orgullo. Así además como se dice...matamos el tiempo.

            - Como decía, entre tanto lees ese libro que tanto te está costando terminar, porque a decir verdad; no lo entiendes y relees una y otra vez hasta cansarte. Lo dejas  en el asiento de madera y te pones a mirar al cielo por si llueve.

 

 Pues en esto  se acerca un señor  que se sienta en la otra esquina del banco. Él no comenta nada pero tú le dirás:

 - ¿no tiene usted algo para ponerle en la capota del carrito?

-Mire que ahora en esta época anda mucho pajarito y le pueden caer las cagadas al niño en la carita!!  El señor le mira con sus pequeños ojos azules. Se pasa la mano por la cabeza, ya escasa de pelo  y le responde - Pues no, no tengo nada;  a mi hijo se le olvido ponerme algo por si acaso.
 

            -No pasó mucho rato para cuando el impertinente y repetitivo pájaro soltó sus excrementos al aire, alcanzando en medio de la cabeza de Eliseo; que así se llama el hombre de los ojos azules y pequeños. Dora,  que es el nombre de la señora que a pesar de sus 62 años está muy bien  de presencia y de salud;  haciendo uso de su gran dominio femenino, se  acerco  a la  par de Eliseo con unas toallitas húmedas, a limpiar con suavidad lo que el susodicho pájaro  propino  al señor  Eliseo. Él con gran nerviosismo le agradeció el acto a  la mujer del parque, que dejo el libro en el asiento de madera porque  se aburría leyéndolo.

 

Ella: Dora. Él: Eliseo.

 

 Hortensia Alcalá García

8/5/2013

domingo, 13 de noviembre de 2016

Enamorarse del amor" despues de los 60


AMORES TARDIOS

I

 

 

            ¿Qué tiene de malo el amor después de los sesenta? La soledad no es la mejor  compañía.

            Vivir plenamente  enamorados…o enamorarse en  la última etapa de la vida puede ser el mejor  remedio ¡Y no se compra en farmacias!  Se gana en salud, sin gastar un € en medicinas para el dolor “aburrido” o el sueño que no llega.

 

            Mujer no te arregles y te pintes los labios sólo para salir  de compras  rutinarias.

 No esperes todos los días a que te visiten tus familiares; ellos lo harán cuando tengan ganas o tiempo libre para ti.

            Si vives acompañada y mantienes el amor de tu compañero; ponte guapa para ti y para él. No te descuides, ni  descuides el amor.

            Si vives sola porque tu compañía se fue  lejos para no volver, porque se le acabo la vida.  O en su caminar  se topó  con otros ojos y otros labios, al que se le fue su mirada…porque nuestros propios ojos nos traicionan a veces... ¡eso es así!

            -Entonces ponte guapa para ti. Ya lloraste lo suficiente. Píntate el pelo...encuentra tu estilo...ponte carmín en  los labios...laca en las  uñas...y  sal a pasear. Toma la luz del sol, busca con la mirada las cosas bellas que tendrás a tu paso. Sonríe  a la vida, que tu aun eres eso....vida.

 

            El día menos pensado, alguien en alguna parte, te dirá - Tienes unos ojos preciosos y unos labios.... ¡madre Mía, tus labios!

Entonces tú te quedaras callada, pero le sonreirás agradecida porque  tu autoestima...hace mella  en ti.

Primer punto: Te sentirás  tan bien que en unos días solo pensaras en esas frases. Que recorrerán todo tu cuerpo activando algo que dormía dentro de ti, sin tu darte cuenta que  lo tenias...solo que estaba dormido. Lo cual me temo, que aquel dolor “aburrido” en unos días no necesitas  tratarlo ni el de  buscar el sueño; ya que este llegara cada noche... dulce, muy dulce.

 

En pocos días: la memoria nos juega malas pasadas y no conseguirás recordar su rostro. Pensaras-”Va eso se lo dirá a todas, además guapo no me pareció... ¡joe! Pero me gusto su sonrisa, y su voz. Entonces saldrás de nuevo a la calle, sabes bien por donde le podrás ver otra vez.

            En el  gran parque  verde, al lado de  unas plantas de jazmín;  a punto de reventar- para mostrar  sus pétalos perfumados inconfundibles. Allí estará. Con el paraguas en una mano y con la otra intentando encenderse un cigarrillo...ese cigarrillo que aprendió a fumar en su adolescencia, y que no es capaz de retirarlo de su vida.

 

            Él se dará cuenta enseguida y se acercara a ti, que te quedaste como una pasmarota cohibida haciendo que buscas algo en el bolso; mientras la lluvia fina  del día desapacible cae sobre tu pelo. Te sientes incomoda  al pensar que estarás feísima con el pelo aplastado o que el tinte de este  te escurre por la frente ¡que bochorno!  Pero él se acerca y te cubre la cabeza con su paraguas replicando -Qué guapa estas con el agua escurriendo por tus ojos. Me encanta ese peinado, al igual que tu color del carmín ¿es nuevo?- Entonces te gustaría salir corriendo pero no puedes. Tienes que conseguir poder verle bien las expresiones al hablar, el brillo de sus ojos que te miran, tranquilos sosegados. Esto te tranquiliza y te sientes en el cielo. Así cada día desearas que llegue el siguiente, y esperar juntos a que cese la lluvia, salga el sol, ver si se abre la flor...y no solo la del jazmín que esa se abrirá ¡fijo!

 

Hortensia Alcalá García

lunes, 7 de noviembre de 2016

EL CUARTO MARMOL BLANCO

EL CUARTO MARMOL BLANCO
  
 Oleo Hortensia
 
EL CUARTO MARMOL BLANCO

 Hoy día de todos los  Santos: Tomi y su Abuelo  salen de Misa y se van al cementerio,  ya que el Abuelo Tomas, no fue en los últimos años.  Despistado sin pensarlo ni un momento se fueron caminando  como algo normal. Tomi ya se hace mayor y tiene que hacerse fuerte; de mente, de cuerpo y de alma.

                Al entrar en el Campo santo,  tomi se  queda quieto  mirando de un lado al otro; -mientras su Abuelo le mira  con respeto,  ya que  ve como el chico lo está asimilando,  sin precipitarse  al  hacer comentarios.

 El Abuelo le va abriendo el camino hacia  la  sepultura  de su Mujer, su hija y su yerno.  El silencio   entre los dos  es absoluto.  El Abuelo  se retira las lentes  y se frota  suavemente los ojos.  Continuando en silencio…mira a Tomi.  Que continua  frente la lapida de su  Madre.

La gente  sigue   pasando por las calles del cementerio.  Calle  S. Antón: S.Anton Kalea.

El Abuelo Tomas,  permanece detrás de su nieto. No pudiendo tragar las lagrimas para no despistar al chico, que continua Inerte  en el suelo,  mirando la inscripción  gravada en  el mármol  blanco una en cada lapida.

                 Por un momento el muchacho cree ver como  se alejan a modo de filigranas  entremezclados con las hojas  doradas que van cayendo con  el  viento, en tanto  Tomi da un giro a su derecha  tomando la mano de su Abuelo  para salir del  sitio donde pudo comprobar sin ya lugar a dudas.  Que  dormitan sus padres y su Abuela,  en la quietud de la eternidad.  ¡Al lado hay otra tumba vacía, ¡¡Abuelo no tenía inscripción la lapida blanca!! -¡¡ No hijo no la tiene!!- Vamos  Abuelo  creo que esta noche no tendré visita. 

                Tomi recorre la espalda del abuelo con su mano, mientras  caminan  despacio hacia la puerta  de hierro decorada  al estilo    Medieval.   Al otro lado de la  Angarilla, se encuentran  con unas amistades,  y  como es natural se saludan y charlan unos minutos. Al ser  día tan señalado - continúan caminando y encontrando a más conocidos y amigos.

                  Aprovechando el buen rato de sol, que este  otoño regaló en este día.  Ellos  charlan  y sobretodo Tomi  pone mucha atención de lo que dice el Abuelo; pues le cuenta cómo eran los caminos de cuando él era chico, y como  tenían que hacer las distancias andando, ya que no tenían coche ni siquiera moto.  También le cuenta  de cuando se hizo novio de Mari,  su difunta mujer y abuela de Tomi. 

                Ella Hera bonita….Tomi:  y así  de bonita lo fue siempre… -¡y así de bonita la recuerdo, y la recordare mientras viva!!

                El chico que no descuida ni  un momento al Abuelo, le continua preguntando;  -el Abuelo  respondiendo.  Le señala al caserío  que se encuentra en la ladera cercana al  Campo santo que ya van dejando atrás. 

Le dice que aquel caserío, perteneció a su familia; que en el año 36- de 1,900.  Que allí mataros a sus padres  y a un hermano pequeño en los brazos de su  Madre,  mientras lo amantaba.  Que él se salvo  por que los vecinos de otro caserío cercano   lo llevaron a pasar el día con ellos, para que jugara con Maria.  -¡Si Tomi, la Abuela María y yo fuimos amigos desde niños!! María  -María…Maitía…..; repetía yo al volver al caserío,  una y mil veces desde niño. Aun lo hago en silencio.  –pasados unos momentos será Tomi quien rompe el silencio y le replica  al Abuelo que él aun le escucha nombrar a Maria… a su Maritxu. Que nunca el abuelo le conto  sobre la muerte de sus padres. Nunca le respondió  la pregunta que tantas veces le hizo sobre su padre y el coche rojo. Tomi quería que su Papa encontrara la salamandra que el dejo el último día que salieron de compras al Eroski, y un  tiempo después  salió del hospital y nunca más,  que en las noches cuando venía  a  mirarle y pasarle la mano  fría por la frente; volvió a ver a su  Madre.  Que tres años más  tarde  vino con María la  Mama de su  Madre…La Abuela, más guapa del mundo…pero no le dijo nada, que las vio salir a modo de colores  al viento…. Mientras se alejaron para no volver.        

                ¿Qué te pasa Abuelo - Te sientes mal…?- ¡llamare al tío Tomas!

Diez años más tarde, en el cementerio cuatro lapidas blancas. Cuatro velas blancas.  Cuatro Invitaciones de boda, que  las lleva el  aire.

 

Autora: Hortensia Alcalá García

 
7/11/2016

miércoles, 2 de noviembre de 2016

(La desazón del sueño eterno)


Oleos: Hortensia
El sueño eterno: (La desazón)

 

Hoy quiero romper en pedazos la melancolía

que en medio de la noche me  produce tu amor.

Desafió al tiempo que nos unió para desunirnos.

Un amor sublime que alto me elevo.

 

En esta última noche turbulenta, desapacible y

fría. Camino a buscar el sendero que perdí

al unirme a ti. Sera cuando la luz tenue nos

Acerque  los caminos del adiós.

 

Campanas de duelo al amanecer, retumban en  

mi sien. Como martillazos los sentía yo.

Torpeza la mía cuando  te creí,  cuando me decías

palabras de amor. El camino  es largo en la soledad.

 

Corrientes de angustias sobre la razón.

Caballos que salen de la oscuridad, atrapando lazos

destruyendo  amor. Es la noche eterna la que

vivo hoy, sin saber decirte la palabra Adiós.

 

Quisiera que un sueño  sea este penal,

 que la luz del día  le vuelva a razón.

La melancolía sea un despertar, por los

sueños vivos con  sueños de amor.

O  nos encontremos en el mas allá,

sin habernos dicho la palabra Adiós.

 

Hortensia Alcalá García

 

 

martes, 1 de noviembre de 2016

DICEN QUE TOCAN A MUERTOS


(Dicen que tocan a muertos)
 
El llanto de la campana,
Dice que tocan a muertos.
Cuando naces alegría,
Cuando mueres  a silencio.
 
En las tumbas  flores negras;
Por el luto de los nuestros.
Que dejaron sus raíces, y
se fueron  con lo puesto.
 
Allí reposa  la calma, mientras
Que se duerme el tiempo.
 Donde la verdad no existe.
Donde la mentira es vana
Y solo queda el recuerdo.
 
Pobres Ricos, o marqueses
Todos al mismo agujero sin
Privilegios ni gloria, ni deudas
-y sin tequieros…
 
El roció de la  noche, hace  que
Lloren  los lechos, donde descansan
 las almas… y  la  espera  es silencio.
ya que  el paseo  se acaba,  cuando
 nos  llegue el momento.
 
Cuando suenen  las campanas.
Cuando  se borren recuerdos.
Cuando  cese   la cordura, al
Terminar nuestros sueños.
 
Hoy se celebra este día, este día
de los  muertos. Santos,  de  todos
los vivos. Santo de  los que se fueron.
 Paseando  por la vida, y dejaron
 los recuerdos.
 
(Poema del recuerdo): Autora: Hortensia Alcala García
 
1/10/2016