jueves, 17 de noviembre de 2016

Llanto de Madre


 
¿Madre  por que estas llorando?     II episodio

 

Llanto de madre

            Sabemos  las mujeres que una vez de ciertas edades nos gusta estar tranquilas. Ya no estamos pensando en tonterías de amorío ni nada de eso. Decimos  que eso es para la juventud. Porque al final los hombres son todos iguales y nos quieren para saciar sus deseos masculinos,  y  tenernos de  cocineras y planchadoras...etc. “Coño”, yo!! personalmente amigas, creo que esto no es así; sino que se negocia con ellos. -A  los de nuestras edades les costara aprender, pero si les interesas aprenderán ¡eso seguro!

 

            Y es que  será bonito vivir aquello del parque y los besos robados al lado del jazmín. ¡Como veinteañeros! Esperando que se abra la flor; y poder sentir por todo el cuerpo el revoloteo suave y   silencioso de las mariposas,  en tu cuerpo de  mayor con alma  de niña.  Esa alma grandiosa de mujer generosa; cuerpo y alma de madre indulgente y dulce. Que dio la luz a otros ojos y vida a más vidas; olvidando incluso la suya propia para que a estas no les falte lo más esencial para: crecer, formarse y después volar.

            -Volar del nido materno para comenzar con el suyo propio.  -Es entonces    cuando la mujer se siente más sola  que en lo que lleva de vida. Porque  se le termino el amor, marcharon sus frutos y la vida parece pararse en el tiempo; quedando como obsoleta.

 

            Después  pasas unos años de reflexión, tratando de encontrarte; ¡porque no estás, no vives!! La mujer y  madre queda  olvidada, esperando siempre a que alguien le llame y le recuerde  quizás el único gran título que posee. - ¿Madre como estas?.... ¿Por qué estas llorando?- preguntan. -No estoy llorando hijo... ¡solo que  mi  voz... a veces  falla!

 

            Un buen día ya cansada de tanta tranquilidad, nos decidimos a  salir algo más a la calle con o sin amigas. Aunque  sea a ejercer de abuela....pero de abuela  moderna. Y como siempre tendremos cercano a donde vivimos un precioso parque, nos acercamos apartándonos del bullicio de niños en bicicletas o patinetes. O con un balón de reglamento “que pobre del que le toque el balonazo” etc.…

 

            Otro buen día  te encuentras sentada en el banco que esta junto al rosal de rosas rojas, -de un rojo pasión que impresiona. Al lado siempre abra otro rosal de rosas blancas....junto a un azahar. ¡Menuda combinación, de aromas perfumando el entorno!

 

            Un lunes por la tarde, alguien se acerca también con su carrito de estos modernos, bien proporcionados y cómodos para que los bebes se sientan  agusto. Para eso se lo regalan los  abuelos...para después pasearlos con mucho orgullo. Así además como se dice...matamos el tiempo.

            - Como decía, entre tanto lees ese libro que tanto te está costando terminar, porque a decir verdad; no lo entiendes y relees una y otra vez hasta cansarte. Lo dejas  en el asiento de madera y te pones a mirar al cielo por si llueve.

 

 Pues en esto  se acerca un señor  que se sienta en la otra esquina del banco. Él no comenta nada pero tú le dirás:

 - ¿no tiene usted algo para ponerle en la capota del carrito?

-Mire que ahora en esta época anda mucho pajarito y le pueden caer las cagadas al niño en la carita!!  El señor le mira con sus pequeños ojos azules. Se pasa la mano por la cabeza, ya escasa de pelo  y le responde - Pues no, no tengo nada;  a mi hijo se le olvido ponerme algo por si acaso.
 

            -No pasó mucho rato para cuando el impertinente y repetitivo pájaro soltó sus excrementos al aire, alcanzando en medio de la cabeza de Eliseo; que así se llama el hombre de los ojos azules y pequeños. Dora,  que es el nombre de la señora que a pesar de sus 62 años está muy bien  de presencia y de salud;  haciendo uso de su gran dominio femenino, se  acerco  a la  par de Eliseo con unas toallitas húmedas, a limpiar con suavidad lo que el susodicho pájaro  propino  al señor  Eliseo. Él con gran nerviosismo le agradeció el acto a  la mujer del parque, que dejo el libro en el asiento de madera porque  se aburría leyéndolo.

 

Ella: Dora. Él: Eliseo.

 

 Hortensia Alcalá García

8/5/2013

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