lunes, 13 de febrero de 2012

El valor de la vida 2

Caminos




Pues fue en esos días de principios de agosto cuando cabalgamos unas leguas en caballos, por ser el único medio que teníamos para no caminar a pie, por veredas de cabras, llenos de abrojos que se clavaban en los pies traspasando las alpargatas de suela de esparto, ya que era el calzado mas barato que podíamos adquirir.

Caminos polvorientos, secos, silenciosos. Donde solo se podía oír el repetitivo canturreo de algún. (Picacardino) o peti rojo. De cuando en cuando silenciados por el tropel de algún caballo. O La llegada sorprendente de algún toro que se separo de la manada y, que nos hará correr para guardarnos el pellejo.

En ocasiones quien romperá el silencio será el perro galgo que percibe la proximidad de una liebre o un conejo…y le falta tiempo para correr tras ellos y, tras un fuerte y

divertido jugueteo, el galgo gana la carrera y… ya desde ese momento en algún hogar, podrán comer carne con el arroz o las patatas, que alegraran la mesa de toda la familia.



Pues volviendo al principio decir que tras el funeral… todos en luto riguroso, de negro y con velo en la cabeza. Lloros, saludos, comentarios… casi recitales. Pocas cosas me dieron tanto miedo o pánico! Como un funeral. Que cosas se decían! Será esa la gloria? Que cuando nos morimos…es cuando los demás nos saben ver mejor el lado bueno? ¿Por eso se descansara en paz? En fin si el que se va no lo dice…nunca lo sabremos.



Pues fue entonces cuando mis tíos me dijeron. ¡Tu niña (prepárati el petati)…¡que así se habla en mi pueblo! Y te vienes con nosotros al norte, que allá no tendrás que ir al campo a trabajar, sino a una fabrica que no hace ni frió ni calor. Lo que cobres se lo mandas aquí a tu familia para que salgan de las miserias. ¡Pues que poco me gusto que me dijera aquello mi tía! Mi tía no debió decirme aquellas palabras…me parecieron mas duras que el trabajo del campo. Mi familia era mi familia, y las miserias serian miserias. Yo no me sentía tan pobre, Al menos después de llegar a casa del trabajo del campo, nos arreglábamos un poco y salíamos a reunirnos con la partía,amigos y amigas. Nos sentábamos en la puerta de la iglesia o la (peña el monchu) para contarnos cosas. Y como aun éramos niño/as, pues al rato ya nos poníamos a jugar como si no hubiéramos trabajado.

Entonces se bailaba mucho nos gustaba bailar. Los jueves y domingo bailábamos en las salas de baile. Con acordeón y batería…hombre no seria Ringo Starr. Pero así nos valía para bailar.

Nos poníamos novios, pues seria el que mas nos sacase a bailar, o anduviese siempre más cercano a nosotras. Fue bonito y ¡mucho además! -Yo era muy romántica. Aun lo soy…me caigo de romántica.



Me gustaba coser: en la plaza había una sastrería, entonces la ropa confeccionada no existía lo cual las modistas o sastres tenían trabajo y lo que querían era ayuda. Pues cuando me aburría un poco por que discutían las amigas y amigos, me iba a coser. Me gustaba. ¡Me gustaba! Me gustaba. Después al ir a casa, en una pizarra de las de pizarin, dibujaba vestidos….muchos vestidos, pero no eran normales, yo dibujaba vestidos de SiSi... de SiSi. Emperatriz. Soñaba que con aquel vestido cuando fuera mayor, se fijaría en mí pues…Vicente Parra, Jorge Mistral. Pero mejor aun Paúl Newman. Y Marlon Brando. Todo podría ser ¿y por que no? Mi cabeza pensaba bien, no estaban derretidos mis sesos que para eso me ponía aquel pañuelo y el sombrero al ir al campo. También para que no diera el sol en la cara que quedaba feo la cara en dos colores. Entonces no se estilaba el color moreno. Por eso yo era fea, por que era morena y flaquita. Las flaquitas no gustaban a los mozos, ellos querían mejor que fuesen algo gorditas. Yo fui bastante invisible.



2 comentarios:

martha bernal dijo...

Aquí me tienes de nuevo gozando con lo que escribes, tan natural que lo envuelves a uno en tu historia. Veo a esa niña batallando y viviendo de lleno la vida. Besos

hortensia dijo...

Eso quiero Martha. Muchas gracias un abrazo.
Horetnsia