lunes, 31 de octubre de 2011

DON JUAN TENORIO:

Escena II

Doña Inés

Ya se fue.
No sé qué tengo, ¡ay de mí!,
Que en tumultuoso tropel
Mil encontradas ideas
Me combaten a la vez.
Otra noche complacida
Sus palabras escuché;
Y de esos cuadros tranquilos
Que sabe pintar también,
De esos placeres domésticos
La dichosa sencillez
Y la calma venturosa,
Me hicieron apetecer
La soledad de los claustros
Y su santa rigidez.
Y no sé por qué al decirme
Que podría acontecer
Que se acelerase el día
De mi profesión temblé;
Y sentí del corazón
Acelerarse el vaivén,
Y teñírseme el semblante
De amarilla palidez.
¡Ay de mí!...¡Pero mi dueña,
dónde estará!...Esa mujer
con sus pláticas al cabo
me entretiene alguna vez.
Y hoy la echo menos…acaso
Por que la voy a perder,
Que en profesando es preciso
Renunciar a cuanto amé.
Mas pasos siento en el claustro;
¡ho!, reconozco muy bien
sus pisadas…Ya están aquí.


BRÍGIDA

INÉS
Inés, alma de mi alma,
Perpetuo imán de mi vida,
Perla sin concha escondida
Entre las algas del mar;
Garza que nunca del nido
Tender osaste el vuelo,
El diáfano azul del cielo
Para aprender a cruzar:
Si es que a través de esos muros
El mundo apenada miras,
Y por el mundo suspiras
De libertad con afán,
Acuérdate que al pie mismo
De esos muros que te guardan,
Para salvarte te aguardan
Los brazos de tu don Juan.

Escena III
Don Juan. Avellaneda.
 JUAN

¡Cielos! ¡Su esencia se trueca,
el muro hasta penetrar,
cual mancha de agua que seca
el ardor canicular!
¿ No me dijo: (El mármol toca
de mi estatua)?  ¿Cómo, pues,
se desvanece una roca?
¡Imposible! Ilusión es.
Acaso su antiguo dueño
Mis cubas envenenó,
Y el licor tan vano en sueño
En mi mente levantó.
¡Mas si éstas que sombras creo
espíritus reales son,
que por celestial empleo
llaman a mi corazón!,
entonces, para que iguale
su penitencia don Juan
con sus delitos, ¿qué vale
el plazo ruin que le dan?
¡ Dios me da tan sólo un día!...
Si fuese  Dios en verdad,
A más distancia podría
Su aviso y mi eternidad.
(Piensa bien que al lado tuyo
me tendrás…), dijo de Inés
la sombra, y si bien arguyo,
pues no la veo, sueño es.


Doña Inés, Don Juan, Los Ángeles

Juan
¡Clemente Dios, gloria a ti!
Mañana a los Sevillanos
Aterrara el creer que a manos
De mis víctimas caí.
Mas es justo: que de aquí
Al universo notorio
Que, pues me abre el purgatorio
Un punto de penitencia,
Es el Dios de la clemencia
El Dios de Don Juan Tenorio.

Al morir, ambos. De sus bocas salen sus almas representadas en dos brillantes llamas, que se pierden en el espacio al son de la música.

Don Juan Tenorio
José Zorrilla

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