lunes, 20 de julio de 2015

Arte y amor en el agua

“Arte y amor en el agua”


Mañana de principios de verano. Camino por la senda que me acerca al río. Como cada jueves visito el viejo y ya abandonado convento de las madres Siervas de Maria. Amaino el paso ya que en el cercano  jardín desde lejos puedo apreciar que entre los rosales vigilante y serena, se encuentra Sor Maria de los remedios,   al acercarme levanta su mano izquierda, ya que con la otra mano maneja la tijera de podar para cortar las rosas, hoy algo mojadas por las gotas del empalagoso txirimiri”  típico de esta tierra en primavera
  Caminando llego a la altura de la angarilla de entrada y con una carcajada de alegría s. Maria de los Remedios,  me invita a entrar.
¡Córtate unas rosas que aquí hay muchas y la hermana Inocencia; ya se llevo otro buen ramo! -Ya sabes,  las blancas que a ti te gustan…pues son las que más le gustan a ella y ella llego antes, replica con algo de ironía  la monja haciendo alarde de su buen humor.
Entramos a la capilla pues no le gusta nada que me “escaquee” para no entrar y rezar un poquito; normalmente lo hacemos a manera de canto.
Ella se queda;  y yo con mi manojo de rosas entremezclados los colores, me dispongo a dar el paseo algo más largo, aprovechando que no hace calor  me dirijo al acantilado, desde el cual el alcance de la vista al mar es mayor y de espectacular belleza.
A lo lejos puedo ver con claridad cómo se acerca un Navío  de grandes dimensiones, el cual a mi modo de ver  parece tener algún problema.  Y no es raro ya el mar está algo revuelto.

 Cercana al puerto me tienta la curiosidad y a la altura del rompeolas,  me bajo por una gran escalinata de piedra entre muro y barranco, que llega hasta   las enormes rocas  desde allí todo se aprecia mejor.
Pues efectivamente traen problemas y  por momentos comienzan a salir los pasajeros. Ellos no parecen asustados  solo algo inquietos!! Ya cerca  de  las  roca más próximas al navío  me pongo las gafas y el sombrero pues  la mañana va avanzando y el sol también.  Me siento en el muro frente al gran barco, sin dejar de la mano mi ramo de rosas tricolores. Me cambio de postura para evitar el sol en los ojos  y observo que alguien desde la aleta del lado derecho del navío me está mirando.
 Es un hombre por lo que puedo apreciar Árabe!  Va vestido con su “ Kandora” o túnica, en color blanco roto; también el turbante, del mismo tono pero reliado con algo trenzado en color morado. Su cara es como la Cera color “porcelana, al igual que sus manos finas y alargadas mostrando un gran anillo de perlas y diamantes. ¡¡No sé porque pero me quedo embobada mirándole sin poder retirarle la mirada; yo aturdida  pero es que  jamás vi algo igual!!

El hombre Desde el enorme “pedestal”  me mira  y sonríe, mientras yo me imagino con una  cara  de boba...”que pa que”.  Cuando quise darme cuenta  los pétalos de mis rosas frotaban en el mar,  a la vez que una nube extraviada por encima de las gaviotas que sobrevuelan y surcan  las  aguas  al trastaleo de las olas. En tanto el hombre me señala con el dedo indicándome  que mire al agua! ¡¡que mire abajo!!
 Me puse en pie agarrándome el sombrero,  me quite las gafas de sol. Mire abajo… con gran sorpresa nos vimos reflejados entre pétalos de rosas y  nubes,  en  las burbujas del agua en movimiento, que al bamboleo del navío crean  figuras semejantes a las  de un cuadro  al óleo Renoir: mientras el vaivén, de las olas nos une y nos separa.

 Nos rompe, nos dibuja, nos rompe.
 Nos une, nos separan.
 Como danza  al vaivén del más movimiento.
 Me toma, me deja…el me toma…el me acaricia en el agua.
Me acerca, me aleja jugando en el agua.
 Me toca me besa. 
Que gusto las olas rompiéndose en agua.

Continúan …y  nos une nos separan, belleza en el agua.
Como delfín y sirena  jugando en el agua.
Deseos de amarse  nos incita el agua.
Dibujando amores,  amándose en agua.
Placer desbordante se siente en el alma.

Navega el navío, el arte se escarcha.
 Le veo alejarse ya la mar en calma.
Temblando en la orilla se quedo mi alma.
 Mi cuerpo desnudo la mirada rota llorando
 en silencio me quede en la playa.

Hortensia Alcalá García